martes, 9 de abril de 2013

[Relato] Un mal anfitrión

Buenas un día más, gracias por leerme en este, mi sitio, nuestro sitio.
Hoy os dejo una mini redacción de hace dos años en la que vais a pensar que estoy loco. Tranquilos. No solo escribo sobre muerte, Apocalipsis y destrucción, simplemente que ha dado la casualidad de que mis primeros tres posts lo son.
Nada más, comentadme si os gusta.

Un gran saludo.
Jose



Siempre corrieron rumores sobre la casa abandonada del pueblo, yo no me los creía…

Soy Jorge, y este Halloween decidí hacer algo especial. Tras mucho pensarlo, se me ocurrió invitar a mis amigos a pasar la noche en la ‘’mansión encantada’’, un chalet abandonado del que se decía que quien entraba no podía salir… Cuentos de viejas.

El caso es que allí estábamos: María, Elena, Jorge y yo (un par de amigos se habían rajado, decían que tenían otros planes…) esperando a la puerta de esa terrorífica vivienda que tantas falsas historias había creado… Por desgracia, no se me ocurrió creerme ninguna de ellas.

Al final yo tome la iniciativa, como buen ‘’anfitrión’’, y decidí abrir la puerta. Entonces pasó. Un escalofrío helado sacudió nuestros cuerpos, y todos escuchamos nuestros nombres. Los decía una voz metálica, apagada, que provenía del interior de la casa. Ninguno hablamos, pues sabíamos que con el mínimo comentario, echaríamos a correr. Solo yo dije:

-Que viento corre aquí, ¿no?

No obtuve respuesta, o al menos respuesta humana…

La noche pasaba. Y nuestro nerviosismo iba en aumento. Se oían ruidos de objetos cayendo en e l piso superior, ruidos que ninguno quisimos escuchar. Por un instante se me ocurrió ofrecer preparar una oui-ja, pero esa idea desapareció en cuanto vi caer la lámpara del techo. Esta lámpara había caído justo en el lugar donde estaba yo sentado, antes de levantarme para proponer ese juego. ¿Se trataría de una señal? No lo sabía, pero no me iba a parar a averiguarlo, salimos corriendo, yo encabezaba el pelotón, hacia la única salida de la casa, pues las demás se habían cerrado en otra época. Cuando llegué, el corazón me dio un vuelco. La puerta daba signos de estar firmemente cerrada, y junto a ésta, había una nota que rezaba: ‘’Pregúntame por las llaves… si quieres salir’’. Esa nota estaba acompañada de un antiguo tapete , con letras y números sobre él… ¡Era una oui-ja! Ninguno de nosotros podría haberla puesto allí, no nos habíamos separado en ningún momento. Aun así, tenía que preguntar:

-¿Quién ha sido el graciosillo? Mira que esta casi nos asusta a todos, ¡eh!

-Yo no- dijeron María y Elena al unísono

-Yo no- dijo Jorge, intentando mostrar valentía frente a las chicas.

-Yo no- dijo…dijo… QUIÉN DIJO EL ÚLTIMO YO NO?

Necesitaba aclarar mis ideas, les dije que me acercaba al baño, la única habitación con luz, al menos en la planta baja. Cuando entré, cerré la puerta, eché el pestillo y me senté en un taburete. Busqué, sin resultado, algo de cobertura, y después busqué una explicación a todo esto. Mientras la buscaba, un grito sacudió toda la casa.

-¡¡No tiene gracia!! Dije con todas mis fuerzas, para hacerme oír por encima del eco de aquel escalofriante grito…

Nadie respondió. Solo oí pasos corriendo, alejándose de mi posición. Intenté abrir la puerta; podría decir que para atrapar al ‘’bromista’’, pero os mentiría. En realidad lo hice para huir. ¿Para huir de qué?, pensé. Pero entonces, me di cuenta que mi puerta estaba atrancada, posiblemente por el otro lado. Empuje con todas mis fuerzas, pero la puerta no cedía. Seguí insistiendo hasta que, quince minutos después, conseguí salir del baño.

Nunca olvidaré lo que ví, quizás… porque fue lo último.

Jorge tenía mutilada la nariz y orejas; María tenía cortados manos y pies; y Elena… Lo que había frente suya parecía su lengua. Junto todos los restos, había una nota, escrita con la propia sangre de los tres, en esta ponía: ‘’Los cinco seréis uno’’ Piel,nariz, oído, lengua… Faltaba algo, algo que yo debía completar. Pero lo descubrí demasiado tarde. Algo me zarandeó por detrás y me tiro al suelo. Lo ÚLTIMO QUE VI, fueron unas tenazas negras sangrientas. No podía ni gritar. Solo pude decir:

-No, no.. por favor…

El eco de mis súplicas se perdió en la casa

[Relato] La parodia del muerto

Aquí os dejo lo que considero mi pequeña obra de arte.
Nos leemos

Una pareja salía del hospital. Sus rostros lo decían todo, no necesitaban hablarse. Él, abatido pero en lo más profundo de su ser reconfortado, había envejecido en esos trece meses más de lo que lo había hecho en los últimos veinte años. Le apretaba la mano con fuerza a ella, que había cambiado aún más. Unas arrugas que parecían haber estado siempre allí recorrían la piel de su rostro, descolorido por el torrente de lágrimas que había liberado durante el último año. Ambos, todavía en shock (quién lo iba a decir) comenzaban lo que sería una nueva vida
***
No siempre he estado muerto. Yo solía estar vivo. Vivía con mi familia y tenía la vida de cualquier adolescente. Los estudios me iban bien. Acaba de confirmar mi viaje de fin de curso. Todo iba de cine.
Un día como otro cualquiera me desperté. Me duché y vestí. Fui a desayunar y monté en un taxi. Es irónico que mis últimas palabras fueran: "Al aeropuerto." Acto seguido saqué mi diario y me puse a escribir. En un momento dado, sobre las diez de la mañana cambió todo. Oí un ruido agudo, un chillido, una fuerza que tiraba de mí hacia delante, una presión y ya está. Un kamikaze estuvo haciendo de las suyas por la carretera nacional, y como la mayor parte de las veces, quienes salimos peor parados fuimos nosotros. Afortunadamente el conductor del taxi sobrevivió en un estado muy grave; cuando liberaron mi cuerpo del taxi yo ya no estaba con él. Lo que más me molestó no fue morirme. Ni siquiera el kamikaze, el pobre acababa de perder a toda su familia en un accidente por su culpa hacia 3 semanas. Lo que verdaderamente me molestó fue que no me pude despedir de mis padres. Cuando llegaron ya estaba entubado, no les pude decir ni adiós. Lo peor es que el intento de despedirme dio falsas esperanzas a aquellos que me engendraron, y que deseaban con todas sus fuerzas que me levantase y me fuese con ellos. Ellos entendieron mal, pensaban que estaba luchando por mi vida y decidieron trasladarme al hospital.
Cierto es que mis heridas se cerraron y mis huesos se soldaron. Pero lo malo de estar muerto es que aunque tu cuerpo se regenere, tú no lo haces.

Con el paso del tiempo me encontré en lo que sería para mí una prisión, mi cuerpo. Los médicos no decretaron mi muerte, sino que evaluaron un coma, y eso fue mi perdición. Meses y meses en los que me tienen clínicamente vivo atado a múltiples aparatos que me inyectan todo tipo de sustancias para que mi cuerpo no se deteriore, para que mi prisión siga funcionando

Bien es cierto que lo único bueno que obtuve en esos meses compensó con creces todo lo malo que te pueda ocurrir en una eternidad. Y es que desde la perspectiva que me encontraba podía hacer algo que jamás podría hacer un vivo. Veía lo que la gente de mi alrededor sentía. No leía su mente, simplemente era como si captase los estímulos que liberaban sus sentimientos, como si verdaderamente pudiese acceder a su mente. Y sinceramente, eso es lo mejor que le puede pasar a alguien en vida (y en muerte).
Nadie jamás podría imaginar lo que unos padres aman a sus hijos. Cuando se desató mi nuevo don, mi mente se sobresaturó tanto que estuvo dos semanas en estado de shock. Yo no entendía por qué, pero era una sensación tan agradable... Creo que el símil adecuado era como si hubiese consumido una droga tan potente que me noqueó durante dos semanas, pero fueron las dos semanas más placenteras de mi vida. Según me recuperé me volvió a pasar, cada vez sentía más cómo todo lo bueno recorría mi cuerpo una y otra vez, chispazos continuos recorrían mi columna vertebral y sentía un cosquilleo en todas las partes de mi piel. Lo bueno de estar muerto es que puedes sentir cosas que estando vivo te matarían de lo intensas que son. Si eso significaba morir, quería pasar muerto el resto de mis días. Con el tiempo y controlándolo como podía, pude volver a pensar con mediana claridad. Y entonces lo comprendí. Esa sensación era el AMOR que sentían mis padres hacia mí. Sus mentes eran verdaderas ametralladoras que disparaban hacia mí sin cesar. Si hubiese estado vivo, creo que habría llorado y no soportaría esa intensidad de sentimientos.
Desgraciadamente al cabo de los días aprendí a dominarlo, y conseguí ir más allá. Veía el SUFRIMIENTO de mis padres, era un sentimiento tan grande que si tuviese que compararlo con algo... Era como si la Luna te cayese encima y aplastase y tú siguieses vivo sufriendo un dolor infinito. Ese sentimiento era solo comparable con el de su propio AMOR hacia mí. 'El ying y el yang' opinaba amargamente. Pero cuando pude ir aún más allá descubrí un sentimiento que sin ser tan grande (era una porción infinitesimal comparada con el AMOR y el SUFRIMIENTO), y siendo bueno, me dolió mucho más que el de verles sufrir. Era ESPERANZA. Esperanza de que siguiera vivo. Me dolía porque yo estaba muerto y eso no podía cambiar. Y porque mientras ese sentimiento existiese, por ínfimo que fuera, me estaba condenando a la eternidad.
Entonces odié, odié con todas mis fuerzas y descubrí dos cosas más. Que estando muerto la percepción y alcance de los sentimientos aumentaba exponencialmente, y que lo que yo sintiese era proyectado hacia mi alrededor, variando los sentimientos de los que me rodeaban. Esa proyección de ODIO me dio esperanzas, pensé que acabaría con la ESPERANZA de mis padres. No solo no la afectó, si no que además aumentó aún más su sufrimiento, y entonces sentí como si volviese a morir...
En las siguientes semanas probé con toda clase de sentimientos, y lo único que hacían era variar los niveles de AMOR y ODIO. Por más que luchase no encontraba manera de salir de ahí, lo que me producía aún mas ODIO hacia mí mismo.
El tiempo pasó y en algún momento cerca del día 400 me rendí, y COMPRENDÍ que prefería estar en esa prisión el resto de mi días antes que aumentar el SUFRIMIENTO de mis padres, y eso fue de alguna manera mi salvación.

Al fin y al cabo era cierto, de una manera u otra había seguido luchando. Dejar de hacerlo presionó el interruptor que faltaba. Mi ESPERANZA, que se había mantenido oculta tanto tiempo, se cambió por la COMPRENSIÓN, que alcanzó a mis padres inmediatamente. COMPRENDIERON lo que yo había estado pasando todos esos meses. De alguna manera u otra creo que esa proyección fue tan fuerte que afectó a todas y cada una de las personas, vivas y muertas, del planeta Tierra. Pero eso era otra historia.
Mientras mis padres llamaban a los médicos que al fin me liberarían, dediqué mis últimos esfuerzos a algo que había estado ensayando los últimos meses de mi no-vida.

En el instante que desconectaban el último aparato, hice una última proyección. Y así fue como tras 13 meses de inactividad cerebral y corporal, mi cuerpo sonrió, y yo pude abrir los ojos a una nueva existencia.

[Relato] Epístola desde el Apocalipsis

Una redacción de hace unos meses... (La he cambiado el título, casi no tenía que ver)


Me encuentro aquí, escribiendo lo que pueden ser mis últimas palabras. Después de casi veintiocho años de mi existencia, y (4500 millones de años) de existencia de la Tierra puede que me encuentre ante el fin de este planeta, y con ello de la raza humana tal y como la conocemos. No servirá de mucho este escrito, que tantos como yo enviamos sin cesar a nuestros antecesores. La tecnología de nuestro tiempo nos ha permitido lograr los primeros viajes por la dimensión tiempo, pero son viajes muy inestables en los que sería imposible embarcar a un humano. De hecho no estoy seguro de que este envío se realice, pues necesita una gran cantidad de energía que no se si dará tiempo a almacenar.
Lo que es cierto es que algo ha ocurrido, y algo muy grave. El ser humano ha centrado su esfuerzo y tecnología en lograr estos viajes temporales, que de manera incompleta hemos realizado. Lo que nunca nos habríamos imaginado es que algo así fuese a suceder. A día 15 de diciembre de 2025dC, un gran espacio de vacío absoluto del tamaño de la luna se acerca inexorablemente hacia nosotros. Ya se conjeturaba allá por el 2002 el poder de la inexistencia de materia, pero nunca hemos centrado ningún esfuerzo en su estudio, pues se consideraba por aquel entonces completamente imposible. Debido a la ingenuidad del ser humano, hoy nos enfrentamos a la inminente desaparición de todo el Sistema Solar. Al encontrarnos en el centro de este sistema, ni nuestras colonias más lejanas, allá por los satélites de Júpiter tienen tiempo material para huir...

El fin se aproxima, y hoy, a 28 de diciembre de 2025dC, me encuentro escribiéndote estas líneas en el penúltimo día de la humanidad, para compartir contigo algo completamente inesperado:
El anuncio del fin del Sistema fue emitido hace 8 horas, los líderes mundiales alegamos el retraso a la inexistencia de pruebas fiables, pero la razón es muy distinta. Temíamos lo peor, un estado de anarquía amenazaba con imponerse en los últimos instantes de la civilización. Se había decidido por mayoría no alertar a la población hasta que el desastre fuera palpable, pero me pareció injusto y tomé la iniciativa. La gente tenía derecho a saber que su final se aproximaba, bien para encomendarse a sus dioses, bien por ajustar sus cuentas... Me armé de valor y escribí esta carta arriesgando mi vida y la actual sostenibilidad del sistema. ¿Y sabes qué ha pasado?

Nada. Los gobiernos ya habían llamado a los ejércitos a las armas, temiendo olas de atentados y muertes... Y nos encontramos ante el suceso más extraordinario ocurrido a la especie humana, suceso que absolutamente nadie se imaginaba. Vivimos nuestras últimas horas en una utopía. Sí, ese mundo imposible que "jamás" se alcanzaría. Los soldados en los frentes abiertos han desertado por unanimidad, dando por finalizada la guerra que considerábamos iba a acabar con mas de 300 000 000 vidas. Es irónico que se tenga que acabar el mundo para parar una guerra, ¿verdad? Pues así es. Los soldados han dejado los campos de batalla para reencontrarse con sus familias. Y así con el resto de los humanos. Y aún así, no existe escasez de víveres, ningún comercio ha cerrado. Los comerciantes entienden que actualmente el mundo necesita poder seguir accediendo a los víveres, y se han desplazado con sus familias a las tiendas para atender hasta el último momento.
Además, el dinero como tal ya no existe. A dos días de fin del mundo hemos logrado comprender que la avaricia o el exceso, así como el dinero, no sirven de nada. Por eso se ofrece la comida de forma gratuita, la gente compra con mesura para las últimas cenas de Navidad de la historia. Pero esto es solo el principio.
Hombres y mujeres que trabajaban en fábricas de productos que puedan ser usados de aquí al día 28, han dejado sus puestos de trabajo para conseguir lo que se creería imposible hace 10 días. Erradicar el hambre en el mundo. Decenas de miles de familias se desplazan de su lugar de residencia para aportar víveres a los países más afectados de la crisis del 07, así como a aquellos países en los que el hambre ha existido desde los albores de la historia. Toda clase de personal relacionado con el transporte o con cualificación para pilotar un avión o navegar, o conducir un tren han acudido a estaciones, puertos y aeropuertos, con el fin de hacer todos estos transportes de víveres posibles...
En definitiva, a las 20:00 UGT del día de hoy podíamos afirmar que absolutamente a nadie le faltaba nada en este mundo. Telecomunicaciones emiten en directo, sin más personal que el necesario, cámaras que enfocan a los distintos puntos de este planeta. La gente se congrega en los centros más importantes de las ciudades, donde se han dispuesto mesas con un aforo de millones de personas. Todas las cadenas retransmiten una grabación por encima de las demás. Esa cámara, colocada desde mi balcón, muestra a más de ocho millones de personas en absoluto silencio, bien rezando, bien abrazando a sus seres queridos, bien observándome, todos expectantes. No solo ellos me observan, los 8500millones habitantes de la Tierra, y otros 40000 de colonias en los distintos satélites del Sistema Solar, aguardan en absoluto silencio. Por encima de las respiraciones de la raza humana, solo se oye mi pluma, rasgando y escribiendo este papel. Todos aguardan a que termine este mensaje.
Tú, el que está leyendo esto has de saber algo. No se en qué época estarás, ni siquiera se si comprendes mi idioma, pero has de saber que eres nuestra última oportunidad. Gastamos nuestra última oportunidad en el envío de esta carta, que es un grito de ayuda a la humanidad. Mueve cables, alerta al mundo de este problema. Tú eres nuestra esperanza. Tú eres LA esperanza

Atte.
José.
Gobernador supremo de la Tierra y 6000 colonias.

[Reflexión] Nunca hacemos fácil lo difícil

Parece que nos cuesta. No sé si es porque disfrutamos complicándonos la vida o en realidad existe alguna razón desconocida. Lo que en un principio podría ser de cajón con un poco de ayuda, lo enrevesamos y elevamos al cuadrado con tal de que sea más difícil todavía.
No hay necesidad de hacer difícil lo fácil. Y también lo hacemos. Cosas como las mentiras, los engaños y las trampas son los ingredientes para complicar las cosas. Más de 10000 años de humanidad, los últimos dos mil de historia, y a estas alturas no nos damos cuenta de que complicando las cosas no se llega a ningún lado: argumento principal de películas e innumerables obras literarias. Pero nosotros erre que erre.

Solo los pocos afortunados que lo consiguen son capaces de cumplir sus sueños. Y eso es una realidad. Los que dejan de lado la regla de poner pegas a todos y se enfrentan a cualquier cosa, ESOS son los que consiguen lo que se proponen. Y si no lo hacen, como no se han complicado, lo vuelven a intentar.

Ahora mismo yo estoy en una situación extraña. Ese punto en que me he dado cuenta del problema pero no le pongo solución. Decir que es costumbre o es genética sería lo fácil. Pero la verdad solo es una, y es que no me atrevo. No me atrevo a cumplir un sueño. No me atrevo a enfrentarme a los retos que esto conlleve. Miedo al rechazo. También tengo miedo a no estar a la altura. Pero en lo más profundo de mi ser creo que tengo miedo a lo fácil. A que de repente se vuelva todo un camino de rosas sin esperarlo.

Lo que sí sé es que por mucho que escriba no voy a conseguir nada. Pero también sé cómo soy, y si tengo que empezar algo suele ayudar que lo escriba, ya pasó otras veces
Hagamos fácil lo difícil, tan fácil como eso. Y una vez lo hagamos, cumplamos nuestros sueño
(Tan cursi no por favor, tan cursi no.)

Bueno, ahí lo dejo.
Un saludito
Jose